PosiTest HHD, PosiTest HHD C

Cuando se aplican recubrimientos protectores a sustratos metálicos o barreras impermeabilizantes al concreto, es fundamental garantizar que la superficie quede completamente protegida para asegurar el rendimiento a largo plazo tanto del sistema de recubrimiento como del sustrato subyacente. Detectar y reparar los defectos del recubrimiento (comúnmente denominados discontinuidades, poros o porosidad) es un paso necesario en la aplicación e inspección de recubrimientos.
Durante décadas, las principales normas internacionales para la detección de discontinuidades han ofrecido diferentes fórmulas y recomendaciones sobre la tensión que debe utilizarse al inspeccionar un recubrimiento. Muchos inspectores han seguido reglas empíricas conocidas, como la de «100 voltios por mil» (aproximadamente 4 V/µm). Lamentablemente, estos métodos antiguos carecían de una base científica clara y a menudo generaban tensiones demasiado bajas para detectar de forma fiable todas las discontinuidades.
Las investigaciones recientes sobre ensayos de alta tensión han dado lugar a una nueva fórmula basada en la ley de Paschen. ASTM G62-23 fue la primera norma en incorporar el método actualizado, seguida de AMPP/NACE SP0188-2024, ASTM D5162-24, ASTM D4787-24 e ISO 29601:2026.
Una discontinuidad es un vacío, poro o defecto en un sistema de recubrimiento donde el sustrato subyacente queda expuesto o protegido de forma inadecuada. Las discontinuidades pueden producirse cuando los recubrimientos se aplican con un espesor insuficiente, cuando los contaminantes superficiales impiden la adherencia o cuando queda aire atrapado durante la aplicación. Incluso los defectos más pequeños pueden permitir que la humedad, el oxígeno y los contaminantes solubles lleguen al sustrato, creando las condiciones necesarias para que comience la corrosión.
Las discontinuidades no detectadas representan un riesgo importante para cualquier sistema de recubrimiento utilizado en entornos de servicio agresivos, incluidos los recubrimientos para inmersión, las zonas expuestas a sustancias químicas, las aplicaciones marinas y las tuberías. Una discontinuidad en estos recubrimientos puede provocar corrosión rápida y localizada, así como una falla prematura del recubrimiento. Por ello, la detección de discontinuidades es un paso esencial del control de calidad antes de poner en servicio una estructura recubierta.

Las discontinuidades suelen localizarse con un instrumento especializado de baja o alta tensión, diseñado específicamente para detectar defectos en un recubrimiento. Estos instrumentos aplican un electrodo con carga eléctrica sobre la superficie recubierta. Si existe una discontinuidad en el recubrimiento, la corriente eléctrica atraviesa el vacío y llega al sustrato conductor. Como el detector está conectado a tierra mediante el sustrato sometido a ensayo, puede detectar esta corriente y alertar al operador de que se ha encontrado una discontinuidad.
Los detectores de esponja húmeda de baja tensión se utilizan en sistemas de recubrimiento delgados, generalmente de hasta 20 mils (500 µm), de acuerdo con el procedimiento aplicable. Se desplaza una esponja humedecida sobre la superficie para que la solución forme una trayectoria conductora a través de un poro hasta el sustrato conectado a tierra. Mientras que los ajustes de los detectores de discontinuidades de alta tensión suelen basarse en el espesor del recubrimiento, los detectores de esponja húmeda de baja tensión funcionan con tensiones de ensayo y sensibilidades prescritas por el método o procedimiento aplicable. El umbral de resistencia, normalmente de 80 o 90 kΩ, determina en gran medida si el detector activa la alarma.

Los detectores de discontinuidades de alta tensión son los instrumentos recomendados con mayor frecuencia para recubrimientos protectores más gruesos, como los aplicados a tuberías y otras infraestructuras. Como estos instrumentos no utilizan un medio conductor como el agua, deben aplicar suficiente tensión para superar las propiedades aislantes del aire (su rigidez dieléctrica), proceso conocido como ruptura eléctrica. Cuanto más gruesa sea la capa de recubrimiento, mayor será la distancia que deberá recorrer la corriente y mayor la tensión necesaria. Por ello, ajustar correctamente la tensión es un paso esencial al realizar ensayos con un detector de alta tensión.
La detección de discontinuidades de alta tensión requiere aplicar suficiente tensión al electrodo para localizar los defectos de forma fiable sin dañar el recubrimiento. Lograr este equilibrio depende en gran medida de seleccionar la tensión de ensayo correcta. Si se utiliza una tensión incorrecta, pueden surgir problemas:
A pesar de la importancia de seleccionar la tensión correcta, el sector de la inspección de recubrimientos ha ofrecido históricamente recomendaciones muy dispares.
Uno de los métodos más habituales era la regla empírica de «100 voltios por mil»: multiplicar por 100 el espesor del recubrimiento expresado en mils, lo que equivalía aproximadamente a 4 V/µm en unidades métricas. Esta fórmula era fácil de recordar y rápida de aplicar. Cuando no se utilizaban reglas empíricas, los inspectores recurrían a las tablas de tensión publicadas en las normas del sector.
Sin embargo, según la norma consultada, las recomendaciones específicas de tensión variaban considerablemente y, en ocasiones, eran incoherentes incluso dentro de una misma norma. La tabla siguiente compara las recomendaciones de voltios por mil publicadas en versiones anteriores de varias normas importantes.

Más allá de la falta de coherencia, estas recomendaciones se elaboraron a partir de la práctica histórica y la experiencia sobre el terreno, y no a partir de un modelo científico claramente definido.
Las recomendaciones de tensión también estuvieron condicionadas por el temor de que las tensiones elevadas pudieran perforar el recubrimiento, lo que llevó a los especificadores a preferir valores más bajos. Sin embargo, en la práctica, muchos recubrimientos poliméricos protectores habituales tienen rigideces dieléctricas superiores a 500 V/mil (aproximadamente 20 V/µm), y algunos materiales, como los epoxis adheridos por fusión, superan los 1.000 V/mil (aproximadamente 40 V/µm). Estos valores de rigidez dieléctrica son considerablemente superiores a las tensiones de ensayo revisadas para muchos recubrimientos protectores habituales completamente curados. Por lo tanto, las tensiones de ensayo suelen poder aumentarse considerablemente con respecto a las recomendaciones anteriores sin acercarse a la ruptura dieléctrica del recubrimiento. Aun así, debe confirmarse la tensión de ensayo máxima permitida por el fabricante del recubrimiento.
La falta de coherencia y de fundamento científico de las recomendaciones anteriores puso de manifiesto la clara necesidad de realizar ensayos experimentales y de reevaluar la selección de la tensión.
Los ensayos controlados de laboratorio demostraron que se necesitan tensiones superiores a las utilizadas tradicionalmente para detectar discontinuidades de forma fiable. Un estudio de Walker et al. evaluó paneles de acero recubiertos con discontinuidades artificiales conocidas para determinar la tensión necesaria para detectar el 100 % de las discontinuidades.¹ Los datos experimentales coincidieron con la ley de Paschen, la relación física que describe la tensión necesaria para crear un arco eléctrico entre dos electrodos.
En condiciones atmosféricas estándar, la tensión necesaria para producir una ruptura eléctrica en el aire viene dada por:²
Sistema métrico (micras): V = 170 + 2,48d + 58√d
Sistema imperial (mils): V = 170 + 63d + 293√d
Donde:
V = tensión requerida (voltios)
d = distancia entre electrodos (micras o mils)

Las diferencias entre esta ecuación y los resultados experimentales pueden deberse a variables presentes en condiciones reales, como residuos en el electrodo o el recubrimiento, variaciones en el espesor del recubrimiento, pequeñas separaciones entre el electrodo y el recubrimiento y cambios en las condiciones ambientales.
Los datos experimentales y teóricos combinados demostraron que muchas recomendaciones tradicionales eran demasiado bajas para detectar de forma fiable todas las discontinuidades, especialmente en recubrimientos con espesores inferiores a 50 mils (1.250 µm). Con espesores de recubrimiento mayores, 100 V/mil se aproxima más al umbral teórico de ruptura eléctrica del aire, pero sigue siendo inferior a la tensión de ensayo recomendada actualmente porque no incluye ningún margen para las condiciones de campo. A la luz de estos resultados, era evidente que debían actualizarse las fórmulas y recomendaciones.
Para tener en cuenta las condiciones reales y ajustar mejor la fórmula teórica a los resultados experimentales, se aplicaron márgenes para las condiciones de campo al mínimo teórico. La ecuación de ruptura se multiplicó por 1,5 y se añadió un valor de referencia de 1.500 V, lo que dio como resultado:
Sistema métrico (micras): V = 1.500 + 1,5 × (170 + 2,48d + 58√d)
Sistema imperial (mils): V = 1.500 + 1,5 × (170 + 63d + 293√d)
Donde:
V = tensión de ensayo recomendada (voltios)
d = espesor del recubrimiento (micras o mils)
1,5 = margen para la rugosidad de la superficie, los residuos y el estado del electrodo
+1.500 V = valor de referencia para compensar las separaciones pequeñas e irregulares entre el electrodo y la superficie en condiciones de campo
Esta fórmula establece tensiones recomendadas holgadamente por encima del mínimo determinado en el estudio de Walker, pero por debajo de la rigidez dieléctrica de muchos recubrimientos protectores habituales completamente curados. El uso de estas tensiones reduce la probabilidad de que no se detecten discontinuidades o de que se dañe el sistema de recubrimiento.
La tabla que figura a continuación ilustra la diferencia entre la fórmula actualizada y varios enfoques anteriores. Las recomendaciones anteriores se muestran únicamente a efectos de comparación histórica; han quedado obsoletas en las normas vigentes y no deben utilizarse en nuevas especificaciones. Los proyectos en curso deben seguir la edición invocada en el contrato, a menos que las partes aprueben el uso del método actualizado.
La diferencia es más acusada en el caso de los recubrimientos más finos, en los que las recomendaciones anteriores se quedaban muy por debajo de la tensión realmente necesaria para detectar defectos de forma fiable.
Ejemplo práctico: aplicación de la fórmula
Para un recubrimiento de 635 µm (25 mil):
V = 1.500 + 1,5 × (170 + 2,48[635] + 58√635)
V = 1.500 + 1,5 × (170 + 1.574,8 + 1.461,5)
V ≈ 6.309 V
Para un recubrimiento de 1.000 µm (40 mil), la misma fórmula da como resultado aproximadamente 8.226 V.
En otras palabras, la tensión de ensayo recomendada para un espesor de recubrimiento de 635 µm es de aproximadamente 6.300 V, no los 2.500 V indicados por la regla tradicional de 100 V/mil. Para un espesor de recubrimiento de 1.000 µm, la tensión de ensayo recomendada es de aproximadamente 8.200 V, no los 4.000 V previstos por las antiguas reglas lineales.

La fórmula actualizada cuenta con respaldo científico y ha sido validada experimentalmente. Se ha incorporado en las últimas actualizaciones de varias normas importantes del sector. El método actualizado se basa en la ley de Paschen, está respaldado por ensayos controlados y se ha incorporado a las normas ASTM G62-23, NACE SP0188-2024, ASTM D5162-24, ASTM D4787-24 e ISO 29601:2026.
Para realizar las inspecciones con total confianza, los inspectores deben:
Los PosiTest HHD y PosiTest HHD C incluyen calculadoras de tensión integradas para estas normas, lo que simplifica la configuración y reduce los errores de cálculo manual.
En el concreto, la fiabilidad de los ensayos también depende de establecer una trayectoria de retorno conductora. La humedad del concreto, las armaduras embebidas y las capas base conductoras pueden afectar significativamente la continuidad eléctrica, por lo que debe seguirse el procedimiento específico para concreto de la norma ASTM D4787 y verificarse el funcionamiento en áreas representativas.
Los ajustes de tensión revisados se basan en los principios físicos de la ruptura eléctrica en el aire y están respaldados por ensayos controlados. Cuando se aplican de acuerdo con la norma correspondiente y los límites establecidos por el fabricante del recubrimiento, mejoran la fiabilidad de la detección y reducen al mínimo el riesgo de dañar el recubrimiento.